Comenzar es siempre raro y por ello, los primeros días del año suelen ser agridulces. Por lo menos para mí. Los propósitos están hechos, ahora viene lo más difícil, dejar de proponer para cumplir. Mi propósito de estudiar en navidad ha caído en el olvido y los exámenes de finales de enero me miran desafiantes. Mi frase de: aún hay tiempo sigue colgando en el aire.Tuve la suerte de recibir el lunes pasado unos preciosos regalos por parte de mi amigo invisible. Aún no sé quién eres, pero la verdad que lo que has hecho por mí ha sido precioso. Gracias también a esa personita que me acercó la caja rosa donde venían los libros y los bombones que tantas sonrisas me han arrancado.
Porque con esto de la crisis, ya se sabe que hay poco dinerillo y los regalos deben llegar a los más pequeños. Los que estamos en proceso de ser mayores quedamos en un segundo plano. Pero a pesar de todo, la vida siempre se porta muy bien conmigo, dándome grandes regalos como una buena cena con buena gente, una noche bonita con amigos que disfrutan de las pequeñas cosas y, palabras desde el corazón.
Sigo esperando con muchas ganas noticias buenas de la mitad del mes. Ya os contaré si hay novedades.
Por ahora, no hay mucha más que decir. Sigo observando el cielo nublado, pensando y pensando en detalles de reyes, esperando, hablando, soñando...como siempre.


