
No he podido. Creo que ya lo he intentado casi todo. Ni la comida, ni la bebida, ni siquiera el juego. Sigo esperando a emborracharme de vicio, a explotar de adicción. A veces me asusto por desear tanto, algo tan horrible. Pero me gustaría que me cegara el alcohol, que por mi cabeza sonara constantemente la música repetida de la máquina tragaperras.
Podría buscar ayuda profesional, alguien con quien hablar, que me orientara en mi futuro. Podría buscar un grupo de apoyo, gente como yo. Decir en voz alta: "me llamo Lorena y soy adicta". Seguro que vería miradas de consuelo, de empatía e incluso pena. Por dentro sentiría entonces, esa indescriptible emoción que se siente cuando sabes que existen personas que te comprenden, que han estado en tu misma piel. Entonces, sonreiría ante la fragilidad que me caracteriza y vería que no estoy sola, que hay quien sufre como yo. Y quien sale adelante.
Pero no he podido. Resquebrajo mi cabeza buscando nuevas cosas que probar. Sin embargo, dudo que haya droga tan fuerte como la del roce del cuerpo, como la de la ilusión de un encuentro, como la de imaginar que existe la otra parte de ti, esa que te falta para poder sentirte totalmente llena por dentro. La otra mitad perfecta o imperfecta, según se mire.
No he podido hacerme adicta de esas drogas blandas. No he podido. Es difícil encontrar algo tan adictivo, tan corrosivo, tan inefable, tan doloroso, tan eclipsante, como el maldito amor.


