Ella está en el horizonte. Camino dos pasos y ella se aleja. Nunca deja que la alcance. ¿Para qué sirve, entonces, la utopía?...para caminar.

miércoles, 10 de abril de 2013

Perdiendo el equilibrio


Después de ese abrazo, sentí que volvía a la vida. Quizá su mirada fue sólo el preámbulo. Su voz una caricia del viento en las mejillas. Incluso cómo olía su jersey, fue solo un deseo. Pero cuando me abrazó, yo me abracé a él, sabiendo que estaba metida hasta el cuello. 
No creía tener vértigo, pero desde esta altura las cosas se ven de manera diferente. Supongo que tengo miedo de perderme otra vez. Y cuando digo perderme, es quedarme sin norte ni sur, sin anhelo ni frustración, ser un fantasma errante, sentirme devastada. Ojalá fuera más fácil resistirse; a veces me gustaría ser diferente, menos visceral, menos poética, más fría, capaz de despegarme sin que duela tanto. Sin esa sombra que me susurra que él se irá, y no volverá.  
Anoche me di cuenta de que esto es real. Tan real que me embriaga, que me atonta, que no me deja ver bien. He vuelto a perder el equilibrio, saltando sin más cuando el impulso no me dejaba respirar. No me he caído y, sin embargo, parece que estoy esperando que algo se rompa, que algo salga mal, porque no puede ser que haya llovido algo tan bonito, empapándome a mí. No me lo creo, no. Esta felicidad es tan absurdamente profunda que me asusta, a la par que me encanta. 
Porque esto sabe a ilusión, y yo ya había olvidado lo adictivo que era. 

sábado, 30 de marzo de 2013

Misión Olvido

Pon tu vida en orden primero. Después, llámame. 

Y es que la lluvia me pone nostálgica. Así que ha terminado de aderezar esta Semana Santa que para mí ha sido una penitencia, de recuerdos, de decepciones y de introspección. Misión Olvido se coló a principios de semana en mi Kindle, tras acabar la facilona Lo inevitable del amor de Nuria Roca y Juan del Val.
Acabo de llegar a su última página, maldiciendo mi escaso presupuesto ya que, he deseado volver a páginas concretas, releer pasajes, y, dudo ser capaz de navegar entre los porcentajes que maneja el libro electrónico. Sin más cháchara, ¿por qué hacer una reseña? Soy amante de la lectura desde siempre, pero me contento con recomendar las lecturas que me gustan, dejando que la propia persona se maraville de lo que encuentra. Será que me he sentido tocada por el libro y hoy, necesito contar qué me ha movido.
La historia de Blanca, la protagonista, comienza con un viaje. Su universo particular se ha desmoronado cuando, con la independencia de sus hijos y su trabajo como profesora universitaria, su marido rompe el matrimonio a la vez que se embarca en una relación con otra mujer. Blanca aterriza en Santa Cecilia, California, para sumergirse en la tarea de ordenar los documentos añejos de un viejo profesor. No imagino cómo la ayudará en su propia transformación, encontrarse con el pasado de Andrés Fontana.
En su momento disfruté muchísimo con El tiempo entre costuras, la primera novela de María Dueñas. He de reconocer que he disfrutado aún más de este libro.
Cómo sobreponerse a las heridas, cómo reconciliarse con lo que se teme, cómo no importa lo lejos que huyamos, que siempre habrá que enfrentar a los fantasmas, qué miedo da lanzarse al precipicio, qué fría es la soledad, cuánto cuesta recomponer los pedazos de nosotros mismos una vez que perdemos todo norte y dirección... Misión Olvido habla de todo esto, mezclándolo con misterio e Historia, de una manera dulce y auténtica.
Si tuviese que elegir a un personaje, claramente sería  Daniel Carter, profesor atípico, con esa historia magnífica y ese viaje mítico a la España franquista. Admiro cómo la escritora dibuja a los personajes, profundos y complejos, llenos de significado.
Recomiendo esta lectura con fervor, espero que os remueva como lo ha hecho conmigo.

 Mis años negros, aquellos años terribles en los que fui incapaz de asumir con cordura la realidad. Pero todo pasa, Blanca, todo pasa, créeme. Cuesta lo que no está escrito y nada vuelve a ser nunca lo mismo pero al final, y sé de lo que hablo, llega la reconstrucción. Te vuelves a abrir a la vida, avanzas, progresas. 

lunes, 25 de marzo de 2013

Quizás no te dije


Quizás no te dije que uno de mis sueños es volar. Literalmente, como un pájaro. Puede que lo veas una tontería, pero hay pequeños detalles que son importantes para mí. No niego que, no te haya dejado ver todo lo que hay detrás de mi piel, se llama defensa. Puede que muchas personas lo vean como una cobardía, yo lo he integrado como parte de mí misma. Tejer esta red de palabras invisibles me hace sentir bien. 
Quizás no te dije que cuando quiero a alguien, me encanta compartir mi tiempo. La soledad no me termina de gustar, aunque a ratos la necesite. No significa que no respete los espacios, no tiene nada que ver con la dependencia (al menos patológica). No. Simplemente, es cierto. Los amores en la distancia no me dicen mucho, yo soy de ojos, no de oídos. 
Quizás no te dije que no me gusta sentir que doy mucho más de lo recibo. Es así. Puede que no sea tan altruista. No sé si busco algo de ti, no me planteo que la pragmática sea lo que me acerca a las personas pero, siendo honesta, yo también necesito que me busquen, que me quieran en su vida. A veces siento que todos los pasos los doy yo. 
Quizás no te dije que soy complicada. No utilizaré rara ni especial. Complicada, como la mayoría, pero ya crea un gran abismo entre la simpleza que puedes buscar. Y eso significa, que pienso, siento, sueño, creo, imagino, relaciono, amo, aprendo, sufro, río, deseo y sueño de nuevo. Y a menudo, o todo el tiempo, tengo algo en la mente, otro cosquilleo en el corazón y seguro que mil palabras para intentar explicarlo todo. 
¿Por qué necesito decirte todo esto ahora? Es fácil. Puede que no me conozcas, puede que yo no te conozca. Pero quiero dejarme sentir. Y no puedo hacerlo si no soy sincera con ambos. 
Necesito más de ti. 

sábado, 23 de marzo de 2013

Sensaciones


Y tengo la sensación de estar flotando, dentro de un tiempo circular. Y esa sensación en las manos, de que a mi alrededor, los que quiero se derrumban, y yo sólo puedo estar ahí. Sin más. Y esa sensación, de que el futuro es algo tan grande, tan misterioso, que da tanto miedo, que me alejo y me acerco, bailando una danza narcoléptica. Y esa sensación, de anhelo, de incertidumbre, de deseo (ese que quema tanto), de pavor y pánico, porque te ha costado tanto levantar tus muros, que la idea de abrir ventanas es como tirarte desde el precipicio más alto que encuentres. Y esa sensación, tan maldita, de que hay muchos libros a medio terminar, que esperan el punto y final que no te atreves a escribir. Y esa otra, la que te hace cosquillas en los labios, que te molesta porque no puedes controlarla como quieres. Como tu vida. Como a ti misma. Y esa sensación de asombro, de admiración, de pura belleza, cuando amas lo que haces, y aprendes de todo lo que te roza fingiendo ser casual. Y esa, de plenitud, cuando en tus ojos todo brilla.
Cuando te dejas llevar por las sensaciones, aunque no las comprendas.