
Necesitaba compartir dos cositas.
Una, el fatídico día de ayer. No sé con qué pie me levanté, pero sí sé que me caí, de bruces, más exactamente, y en el baño concretamente. Tuve un momento de inconsciencia en el suelo de losas naranjas, donde perdí el conocimiento y, de paso, un diente. Luego, corriendo al hospital para topar con unos personajillos que te ayudan haciéndote esperar muchísimo y sin una pizca de humanidad...quizá exagero pero tras seis horas de larga espera con un dolor inmenso, no me quedan muchos piropos para el sistema de sanidad, aunque, al menos, lo tenemos. Lo positivo, no tengo nada. (Aparte de una sonrisa digna del "po zi", que un buen dentista arreglará sin problemas.)
Pero, la mejor parte de todo, es descubrir que la gente te quiere. Y te quiere de corazón. Y eso es maravilloso, lo más bonito que te puede pasar en la vida, sin duda. El mejor remedio para cualquier enfermedad, que te quieran.
No tengo palabras para todos los que ayer me acompañaron, me dieron consuelo, me abrazaron, me quitaron las tontas preocupaciones de la cabeza, para los que me trajeron bombones, me hicieron reír, me dieron besitos, me dijeron que vendría el ratoncito Pérez, me aseguraron que buscarían el dinero hasta debajo de las piedras, llamaron a quince clínicas en busca de un dentista y soportaron todas las horas conmigo.
Me emociono de pensarlo, desde luego, no sé lo que tengo. Soy muy afortunada...eso sí lo sé.