Ella está en el horizonte. Camino dos pasos y ella se aleja. Nunca deja que la alcance. ¿Para qué sirve, entonces, la utopía?...para caminar.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cansada

Desde bien temprano con la sonrisa puesta. Mis perros me dan los buenos días de la manera más dulce: el día tiene todo lo necesario para ser estupendo. Y voy, caminando con todos mis sueños a cuestas, intentando mejorar en los pequeños detalles que hacen especial nuestra convivencia. Sin importar quién sea, el saludo. La educación por delante. Piensas que encontrarás como respuesta algo parecido. Cada persona es un mundo, hay quien necesita más tiempo, paciencia, paciencia. Aunque la respuesta sea casi inexistente, adelante. Ya llegará el cambio. Será una mala racha, lo estará pasando mal. Poco a poco. La confianza. La amistad. Esperanza. Paciencia.
Y sin embargo, en el transcurso de los días, lo que quieres tapar con excusas, irremediablemente sale. Duele. Escuece como un corte, cada vez más hondo. Esa herida que se forja con la desilusión. Por más que te preguntes, nadie te dará una contestación. Parece que estamos demasiado ocupados en nuestros asuntos como para darnos cuenta de que en el mundo existen más seres, aparte de uno mismo.
Sí, hace una noche fresca. La facultad, el dentista, luego el trabajo, el gimnasio...y ahora, el cansancio. Tristemente, no son mis huesos los derrotados.

lunes, 25 de octubre de 2010

Esperando

No llega el frío. De nada sirve salir a buscarlo, porque vendrá solo, cuando sea la hora. Así que, sin más opciones, por la noche me acurruco bajo el edredón, cargada de deseo. Como siempre, la mesilla llena de libros, el corazón de recuerdos, la mente de nuevos sueños. Pero triste, espero al invierno.

martes, 6 de julio de 2010

Todos los nombres


Los recuerdos y los sueños. A veces sueño mis recuerdos, otras recuerdo mis sueños. Lo que más duele es vivir los sueños como si fuesen recuerdos. Estoy en otra piel que no es la mía, beso otros labios que no son los suyos, me ilusionan otras metas, mis conocidos son desconocidos. Nostálgica, soy demasiado nostálgica. En menos de un segundo se me llenan los ojos de lágrimas; a veces ni siquiera comprendo bien por qué. Supongo que tengo demasiadas heridas sin cerrar, todas con nombres propios, porque hasta a mis sueños rotos les puse el nombre de aquel que no llegó a ver la luz, pero que amé con todas mis fuerzas.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Aprender a desconfiar

Sí, tropezamos dos veces con la misma piedra; aunque pensándolo bien, creo que la cita se queda corta. Tropezamos infinidad de veces con la misma piedra y, lo más grave, una parte de nosotros mismos sabe que es casi inevitable.
Me gustaría llevar en la muñeca una pulsera con alarma que me alejara de las falsas apariencias, que me protegiera de la hipocresía y la mentira. Puede que tenga algo, dentro de mí, que se sienta atraída por la gente traicionera. El pensamiento más fácil quizá sea que, por desgracia, he tenido mala suerte.
Es una verdad enorme: tengo mucho que aprender. Ojalá fuese del tipo de personas que no confían fácilmente, que se resisten a cruzar el estrecho margen que existe entre la desconfianza y la confianza. Supongo que los golpes del camino, terminarán por endurecerme. Y eso es lo que más miedo me da. Porque nadie nos enseñó a distinguir entre una mentira y una verdad; está claro que mi intuición ha fallado bastante. Mi gran consuelo es que, más de una vez, ha dado en el blanco.