
Qué año. Ha pasado de todo, me siento distinta, a ratos desconocida, a veces mayor. Me pongo a pensar, se transforma mi cuerpo en sentidos. Respiro la suavidad del colchón, el olor a césped cortado, el aroma a mar, el perfume de las depedidas, el amargo sabor de las derrotas, el afilado cuchillo de los errores, la inolvidable sensación de vértigo, la sorpresa, la calidez de los abrazos. Me pierdo en los lugares, en la tierra italiana, en las habitaciones a media luz. Y por más que lo intento alejar, no me puedo resistir y caigo en el pudo ser pero no fue.
Tantas emociones contenidas pronto en 366 días. Y parece que fue ayer cuando mi corazón soñaba con las aventuras que me depararía el año 2008.
Soy una terca nostálgica, una tonta sentimental. Pero sobre todo, y cruzo los dedos, una personita feliz que agradece todo lo que conforma su vida: un montón de caminos cruzados, puntos clave, horizontes no tan lejanos y sueños, muchos sueños...que, sorprendentemente, se hacen realidad.