Ella está en el horizonte. Camino dos pasos y ella se aleja. Nunca deja que la alcance. ¿Para qué sirve, entonces, la utopía?...para caminar.

martes 10 de noviembre de 2009

Apatía


Sin energía para gritar ni para llorar. Ni habitante del cielo o el infierno, parece que navego en una dimensión paralela, solitaria e inmune. Busco palabras que escapan de mis manos. De mi boca sólo salen suspiros y, cuando me miro al espejo, hay días que no me reconozco. Miento tan bien que ni yo misma me creo. Puede que, una noche, mientras dormía, alguien se colase por mi ventana y me mordiera, cual vampiro, quitándome la vida que fluía por mis venas.
Ahora soy ese fantasma gris que recorre los pasillos polvorientos de una vida prestada. Necesito despertar de esa absurda apatía. Reír a carcajadas, enfadarme y gritar todas las palabrotas que me negué a pronunciar porque no estaba bien decirlas. También llorar como una niña desconsolada, por todo aquello que echo de menos, por lo que me hace daño. Y querer, querer tanto, tanto, que vuelva a ser todo aquello que se ha llevado el viento.

domingo 8 de noviembre de 2009

Agotada

Me cuesta aceptar que no puedo cambiarlo todo. Desde las guerras que se llevan por delante tantas vidas, hasta las simples decisiones con las que no estoy de acuerdo. Tampoco puedo cambiar los sentimientos ni los propios ni los ajenos. La suerte muchas veces no está a mi favor, o las dichosas circunstancias me juegan malas pasadas. Aunque sea reticente a creer en el destino y todo eso...a menudo miro las palmas de mis manos intentando descifrar las líneas enrevesadas que alguien dibujó en mí.
Este caos me hace daño. Me gustaría saber cómo controlarlo, cómo evitar que me doliera tanto. Parece que aunque quiera, no puedo endurecerme. Es sólo una apariencia que, aunque muchos crean, no es cierta. La garganta se me cierra, no me salen las palabras. No sé qué quiero decir, porque en ocasiones, no sé qué ocurre dentro de mí. Supongo que nos ocurrirá a todos. La vida misma me supera, rebosa mi embalse y se descontrolan todas mis emociones. Y lo peor, es que observo impasible cómo me ahogo, esperando una mano que me sujete, una voz que me descifre o, encontrarme a mí misma a la vuelta. Más capaz, menos sensible, más realista, menos frágil.
No, no puedo cambiarlo todo, no puedo controlarlo todo, no puedo evitar que las cosas me hieran, ni tampoco no herir. Pero sí puedo mirarlo frente a frente y no pecar de ingenua.

martes 3 de noviembre de 2009

No he podido


No he podido. Creo que ya lo he intentado casi todo. Ni la comida, ni la bebida, ni siquiera el juego. Sigo esperando a emborracharme de vicio, a explotar de adicción. A veces me asusto por desear tanto, algo tan horrible. Pero me gustaría que me cegara el alcohol, que por mi cabeza sonara constantemente la música repetida de la máquina tragaperras.
Podría buscar ayuda profesional, alguien con quien hablar, que me orientara en mi futuro. Podría buscar un grupo de apoyo, gente como yo. Decir en voz alta: "me llamo Lorena y soy adicta". Seguro que vería miradas de consuelo, de empatía e incluso pena. Por dentro sentiría entonces, esa indescriptible emoción que se siente cuando sabes que existen personas que te comprenden, que han estado en tu misma piel. Entonces, sonreiría ante la fragilidad que me caracteriza y vería que no estoy sola, que hay quien sufre como yo. Y quien sale adelante.
Pero no he podido. Resquebrajo mi cabeza buscando nuevas cosas que probar. Sin embargo, dudo que haya droga tan fuerte como la del roce del cuerpo, como la de la ilusión de un encuentro, como la de imaginar que existe la otra parte de ti, esa que te falta para poder sentirte totalmente llena por dentro. La otra mitad perfecta o imperfecta, según se mire.
No he podido hacerme adicta de esas drogas blandas. No he podido. Es difícil encontrar algo tan adictivo, tan corrosivo, tan inefable, tan doloroso, tan eclipsante, como el maldito amor.

domingo 1 de noviembre de 2009

Reinventar(me)

A ratos me canso un poco de mí misma. Supongo que nos pasará a todos. Otra vez la misma cara en el espejo, de nuevo la misma ropa e incluso, los mismos retos. No lo puedo negar, me da miedo el aburrimiento. Es corrosivo. Peligroso.
Hace mucho que no escribo. Creo que lo que pasaba es que siempre escribía lo mismo. O quizá era el fondo negro. Por eso lo he cambiado a morado, para tener otro color.
Yo, yo y yo. Qué cansina. Si por lo menos fuera algo interesante...lo entendería, pero no hay nada tan interesante como para hablar de ello a todas horas (y si hay algo, que alguien me ilumine).
Por eso quiero adelantar un poco de trabajo antes de que acabe el año. Con eso de que siempre escribo una lista de cosas que quiero conseguir...creí de suma importancia empezar ahora mismo. Reinventarse o morir decían, ¿no? Pues manos a la obra.