
Esta noche llueve, pero no estoy triste. La tarde ha pasado entre hojas, subrayadores, chocolates calientes, miradas cómplices, risas (un poco malignas), palabras, y poco silencio, aunque en las bibliotecas suele desearse más de lo que ahora yo deseo que todas mis inquietudes se disipen.
Tienen mucho que ver los que me acompañan, día a día, en la odisea de reservar una mesa donde estudiar, de que esta noche me aventure a ir más allá del temario del examen del día 26, me atreva a coger grandes bocanadas del aire empapado a salitre, no me de miedo desafiar lo indesafiable. Porque, nada tendría sentido...si no tuviese a quien decirle todo esto que me alborota, si sólo mis letras, las que me escribo para descifrarme, en noches de niebla y días tenebrosos, fuesen las protagonistas de mi historia.